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3/3/14

All alone.

Tirando hacia abajo, tumbadas estaban mis ideas. Sondeando un risco puntiagudo y afilado que daba paso a un precipicio sin retorno. Nunca de nuevo, era una posibilidad.
El alféizar de mi ventana mental se había convertido en un precipicio montañesco.
La dimensión de la analogía casera, resulta hoy por hoy muy pequeña cuando se trata de caer bajo. Caer bajo desde muy alto.
La altitud que aturde, que apuna, que descompone y marea, para finalmente hacerte caer.
Porque todo lo que sube, baja.
Y la fuerza de gravedad no perdona su magnetismo cuando atrae con tanta fuerza mortal a un cuerpo sobre ella. Y queda aplastado, desarmado,  amorfo, líquido y visceroso. 
Nada este no existe cuando los lazos se disuelven.

La caída parece ser inminente, imposible de evitar.
Al menos por ahora. 
Mañana es un nuevo día, y los nuevos días cuentan con infinidad de posibles desencadenamientos.
Ojalá tuviese ganas y energías como para buscar emociones cotidianas, o tiempo productivo.
Sin embargo, sólo tengo ganas de dormir y no afrontar el mañana.

Nunca más.