24/8/13

Suicidio involuntario.

-Me lastimé.
Se me llenaron los  ojos de basura.
Cuando me miré al espejo, comprendí, pero no entendí.
Ojeras profundas que comenzaban a remarcar la cuenca cuasi gris y de cansada piel de un ojo, por poco, vacío. Un par de ojos negros y hundidos que estaban sucios, mis  ojos estaban sucios,  inmundos de basura  y perversidad. De locura y arenilla, de viento de recuerdos y de luces  que pinchaban.
Quería limpiarme, despojar mis pobres ojos de tanta mugre tóxica, corrosiva.
El veneno corría como ácido sobre mis dedos, sobre el agua corroía mis capilares frágiles, atrofiados por la presión sanguínea.
Sentí como me reventaba con un filo casi sobrenatural, los ojos, los lagrimales.
Sentía mis uñas rascando, mis uñas corrompiendo mi húmeda piel,  cortando masticando  destejiendo tejidos oculares. No tenía con qué llorar, mis lagrimales eran una masa amorfa de  piel y sangre. Había arañando mis ojos. Me los había arrancado, pinchado, disecado.

Lloraba y  no lloraba, lloraba mi cuerpo, lloraba sangre  contaminada, sangre que me dejó los ojos blancos.

A veces la vida se pinta tan  oscura. Se pone negra, se pone triste, se pone  cegadora.
Te perdés, no encontrás la salida, no sabes  dónde hallarás luces nuevamente, si es que las hallarás.
Las luces que creías siempre ahí para iluminarte se fueron consumiendo, ensimismadas, apagándose.
Y cuando te das cuenta encontrás  tus días entre nubes grises de nieve, y lágrimas rojas de sangre. Y oscuridad.
Y pensás que todo está  mal, que por ende  nada está bien,  que necesitás alejarte, aislarte,  volverte un pozo  negro. Un agujero negro.  Con todo y nada en su interior.
Antítesis.
Ventanas de vidrios manchados,  brazos y piernas de piel dibujada en finos trazos carmesí.
Y labios que sangran y acaban.
Quiero alejarme y romperme como si fuera de cristales, o espejos que  arden.
Quiero correr y quebrarme, ovillarme y camuflarme con  la tierra  fétida y gélida.

Mi problema es que no soporto que no me quieran.
Mi problema es que no soporto  no ser la única que ocupa cierto lugar en respectivas vidas ajenas.
Mi problema es que no puedo  compartir el cariño  que se supone deberían tenerme.
Lo quiero todo para  mi, mio, mio, yo.